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24 DE MARZO DE 2006

Por: Eduardo Galli

En el prólogo de su libro "15 años después" publicado en la década del noventa, el Doctor José A. Martínez de Hoz, se queja de la persecución y deprestigio a que había sido sometido al finalizar el Proceso, diciendo que se trató de "...hacer aparecer como delitos sancionados por el Código Penal lo que eran simplemente decisiones de política económico - financiera... ". Este integrante "número 1" del gabinete de Videla se muestra preocupado porqué se transformó "...la discrepancia en persecución...". Pero este prólogo termina con un toque de luminoso optimismo, no por no haber terminado esta persecución en su secuestro y asesinato, que era el método que aplicaba el gobierno que integró, y durante el cuál este Profesor de Derecho no evidenció su preocupación por el Código Penal, sino "...porque la mayor parte de los principios y orientaciones de gobierno que propusimos, aplicamos o intentamos poner en ejecución han sido adoptados"

Y no se equivocaba: a pesar de la prédica "democrática" al caer la dictadura y detrás de las condenas a las Juntas y a los ejecutores que empuñaron las armas, los"principìos y orientaciones" del Proceso entraron a los gobiernos democráticos en las valijas de los funcionarios económicos que inspiraron a los primeros y cuyas imágenes e inmundad judicial fueron cuidadosamente preservadas.

El curso aparentemente inexplicable de algunos acontecimientos históricos se comprende cuando se los analiza desde la óptica de quienes detentan el verdadero poder.La ola antimperialista que recorría América Latina a principios de la década del setenta amenazaba profundamente los intereses norteamericanos. En la Argentina el gobierno de Isabel Perón jaqueado por el capital concentrado y por el terrorismo de derecha, tolerado o apoyado por sectores del mismo gobierno, y el de "izquierda", que objetivamente servía a los fines golpistas, se mostraba, al comenzar 1976, absolutamente incapaz de hacer honor a la herencia progresista y nacional que el peronismo había dejado a la sociedad argentina. De todas maneras el proceso político se encaminaba hacia las elecciones que tendrían lugar en octubre de ese año.

Aunque ya muerto, resonaba todavía la arrasadora victoria electoral del general Perón en 1973, motivada entre otros factores por un proceso de nacionalización de la clase media,y este hecho, junto con la importancia que la industria tenía en el país y el correspondiente peso que los trabajadores movilizados podían poner en la balanza, aseguraban que en octubre no se votaría un gobierno con un equipo económico como el de Martínez de Hoz. En consecuencia, para el imperialismo no era hora de aceptar elecciones.

Por si faltaran datos, recientes documentos desclasificados del Departamento de Estado revelan que Henry Kissinguer, el organizador del Operativo "Cóndor" que coordinó a las dictaduras del Cono Sur, aconsejó a los militares argentinos golpistas que hicieran su trabajo "con rapidez", seguramente porque dada su larga experiencia en la organización de genocidios conocía cuales serían las consecuencias políticas de una represión como la que coordinó.

La necesidad, no obstante, de no abandonar el eje discursivo basado en la "libertad y la democracia", podía cumplimentarse en el marco del enfrentamiento global con el totalitarismo comunista: una vez mas la "defensa" y los intereses de una potencia extranjera serían asumidos como propios por un gobierno "argentino". En la "Escuela de las Américas", y en el comando Sur del Ejército Norteamericano, se enseñaba y se enseña a los militares latinoamericanos que reciben los cursos, las tácticas de lucha antisubversiva y los "métodos de interrogatorio" mas eficaces, ( desaparecida la excusa del comunismo, la "guerra" es hoy "antiterrorista"). Los norteamericanos a su vez,cursaron la escuela francesa en esta materia, muy perfeccionada durante la represión de la insurgencia argelina... en territorio de Argelia.

El general Videla nunca negó la caracterización de "general de la democracia" con que se refirió a él Ricardo Balbín. El habitual coro "democrático", formado por cientos de intendentes, embajadores, intelectuales y "comunicadores", en el cual se incluyeron también algunos justicialistas, complementó la tarea. Las sucesivas Juntas de Comandantes nunca negaron su voluntad de volver a la democracia en algún lejano momento del futuro, y la prensa comercial, mientras ocultaba o disimulaba las desapariciones de personas, soltaban graves parrafadas sobre la necesidad de encarrilar el país antes de aventurarse en elecciones prematuras. Pero esto era para mantener la esencia de la democracia. Cuando la necesidad del imperialismo lo dispusiera, ya llegaría el momento en que los mismos actores, cambiados de ropaje, calificarían al gobierno del Proceso de Reorganización Nacional inaugurado en 1976, como una "dictadura militar".

EL HECHO ECONÓMICO

Si el imperialismo puede frustrar un proceso de industrialización en el marco de una política nacional autocentrada, lo hará, y si bien no puede decirse que a principios de 1976 Agentina hubiera concluído un proceso en ese sentido, se había llegado a un "peligroso" grado de avance que había que detener. El hecho de que para entonces el sector de los trabajadores participaran con cerca del 50 % en el PBI , mostraba al capital financiero y a las empresas imperialistas que había una importante renta para succionar.

Por añadidura, los bancos que actuaban internacionalmente como el norteamericano Chase Manhattan de cuyo Consejo Asesor formaba parte el ex ministro "argentino". Martínez de Hoz, tenían amplio stock de petrodólares que era necesario colocar. Era imperioso, como históricamente lo fué siempre, crear la "necesidad" de tomar deuda.

Martínez de Hoz elabora la "Ley de Entidades Financieras", aún hoy vigente en su esencia después de treinta años, mediante la cual se les otorgó a los bancos beneficios impensables en los países centrales. Mientras se cerraban las fábricas, se llenaban las calles de nuevos edificios de bancos y de "cuevas" en las que sectores de la clase media nuevamente ilusionados con los créditos baratos, compraban y vendían dólares.

Pero Martinez de Hoz como conductor económico del Proceso, hizo algo mas importante, y de efectos mas permanentes que la represión: sentó las bases para la destrucción de la industria nacional con lo que se redujo al mínimo el peso político de los trabajadores que luego se dispersaron como cuentapropistas, prestadores de "servicios" y desocupados. Muchos de ellos y sus hijos, se convertirían en "piqueteros" que hoy se constituyen en curiosidad de los turistas y fastidioso obstáculo para los automovilistas de la capital. A partir de 1976 el país abría sus puertas y ventanas a la inversión extranjera, el buen"clima de negocios", sin "ruidos políticos" aseguraría el progreso de la Argentina.

De los 7500 millones que recibió al tomar el gobierno, la dictadura logró llevar la deuda externa a 35.000 millones de dólares cuando lo dejó, sin poder mostrar inversiones productivas genuinas, ni en infraestructura, acorde con este descomunal y absolutamente innecesario aumento del endeudamiento. Y las consecuencis sociales y políticas de este plan económico junto con el desprestigio del justicialismo creado por el gobierno de Isabel, el recuerdo de la violencia política de su época, sumados a los resultados de la represión que no se había limitado a las organizaciones guerrilleras, crearon un nuevo balance de poder en el que se hacía posible permitir elecciones.

FINAL Y CONTINUIDAD

Así las mismas lenguas que habían adoctrinado en la represión antipopular durante muchos años a los militares, después de la batalla de Malvinas "descubrieron" horrorizados la violación a los derechos humanos y susurraron en los oídos de los civiles la condena a la "Dictadura Militar".

Pero este poder extranjero, además de justificar de esta manera la guerra ante los ojos de Argentina, de Latinoamérica y de su propios pueblos, conseguían introducir una nueva división entre los argentinos: esta vez muy profunda, entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, con lo cual preparaban el terreno para los próximos zarpazos, como luego nos tocó presenciar. Al derrumbarse la dictadura era necesario que el legítimo e inevitable deseo de democracia y autodeterminación que crecía en la Argentina no se canalizara hacia la liberación nacional. Era necesario que el verdadero rostro del imperialismo, que Argentina y Latinoamerica habían podido ver al caer la máscara que lo ocultaba, durante la guerra del Atlántico Sur, no condujera a la formación de un gobierno antiimperialista.

Quienes alentaron el golpe cívico - militar se convirtieron en antimilitaristas justo en el momento en que las bocas de los cañones giraron hacia ellos, porque desde el punto de vista de muchos combatientes argentinos, un día de lucha contra las ametralladoras y los misiles británicos orientados por los satélites norteamericanos, fué mas didáctico que varios meses de Escuela de las Américas,

El aparato informativo - cultural que había servido para la lucha "anticomunista" se volcaba ahora a bloquear los sentimientos antiimperialistas que había despertado la guerra, y mientras Alvaro Alsogaray expresaba preocupado la necesidad de desmalvinizar la política, se propagaban desde los medios las ideas antimilitaristas de Alan Rouquier y de otros extranjeros complementados con la de "argentinos progresistas" que decían sentirse aliviados por la victoria inglesa que había permitido "recuperar la democracia". Tan carentes de identidad y de reflejos patrióticos eran estos sectores nativos, como rápido e inteligente fué el aparato cultural del imperio que los inspiraba. Por eso el dispositivo para el retorno a la "Democracia" se organizó rápidamente: mientras se evitó recibir como héroes a los soldados que volvieron y se los escondió como leprosos, se preparaban las elecciones que condujeron a la victoria del radicalismo de Alfonsín que expresaba con entusiasmo que las democracias del mundo ayudarían a la recuperada democracia argentina.

No pasó demasiado tiempo para que pudieramos ver de que manera "las democracias del mundo" nos ayudaron.

Al hacer historia, las cabezas de algunos argentinos, recalentadas por la propaganda imperialista no deben ovidar algo que sería obvio en los países centrales, y que desde América Latina vieron con claridad líderes como el presidente peruano Belaúnde Terry, el canciller panameño Illuecas, Fidel Castro y el joven Hugo Chavez: que mas allá de la dictadura que asolaba nuestro país en ese momento, la batalla de Malvinas fué el primer y único enfrentamiento que las fuerzas armadas argentinas tuvieron con una potencia europea (enmarcada en la OTAN) en el siglo veinte y que, mal que nos pese, la derrota no fué sólo de los militares sino de la Nación a manos de la OTAN. Si el pueblo argentino hubiese sido quien derrotara a la dictadura .- como sucedió con el gobierno de Lanusse que culminó con Perón en el gobierno - la relación de fuerzas hubiese sido diametralmente opuesta, pero de la derrota ante la OTAN no podía sino surgir un gobierno sometido: una democracia semicolonial.

La formidable presión que sobre la Argentina ejerció el imperio - apenas asumido el gobierno de Alfonsín - se pudo constatar en el fulminante desplazamiento del ministro Grinspun, cuando trató de enfrentar al FMI e investigar el origen de la deuda externa, tal cual lo había prometido Alfonsín en sus incumplidas promesas de campaña. El gobierno radical recibió 35.000 millones como deuda externa, y dejó al país con un endeudamiento de 60.000 millones de dólares. El imperialismo podía suspirar aliviado: la "democracia" funcionaba tal como había funcionado la dictadura.

Mas allá de la evolución de la conciencia popular a lo largo de estos años, sobre la que pueden formularse muchas hipótesis, es un dato objetivo que los indicadores económicos y sociales dan un vuelco dramático hacia abajo a partir de 1976, y que a partir de 1983 las elecciones, los Partidos y el Parlamento no sólo no detuvieron sino que profundizaron esta caída que se mantuvo a través de todos los gobiernos "democráticos" los que, ayudados por las "democracias del mundo", llegaron al terrible e inédito 50 % de pobreza de la Argentina actual. Es perfectamente cuantificable que a partir de 1976, cada uno de los gobiernos que se sucedieron - democráticos o totalitarios - dejaron al país peor de lo que lo encontraron, porque el hilo conductor que une a estos gobiernos es su carácter dependiente de los centros de poder internacionales: dictadura semicolonial o democracia semicolonial, tanto dá si sirven para asegurar la succión de riquezas de una nación. Y son intercambiables de acuerdo a las circunstancias. Creemos también que mientras no se propenda a la democracia económica la democracia política formal será sólo una parodia.

El caso paradigmático es el de Domingo Cavallo que como funcionario del general Viola, estatiza la deuda privada para luego constituirse en el amigable "Mingo", salvador de los argentinos, durante el menemato, luego llevado al gobierno de la Alianza por De la Rúa y Chacho Alvarez para "blindar las finanzas y comenzar la reactivación" de una economía que como pocos, había contribuido a desactivar. El general Viola, el Dr. Menem,el Dr. De La Rúa, el Lic.Chacho Alvarez: con el mismo funcionario en Economía...y los mismos objetivos económicos del Proceso del que parecen condenarse sólo los métodos aplicados para la represión. La política económica imposible de aplicar en democracia en 1976, se había vuelto posible en la década del noventa ¿para qué utilizar entonces el método, un tanto embarazoso, de la dictadura?

Hoy la deuda externa está alrededor de los 150.000 millones de dólares y el país destina un enorme superávit a seguir pagando, y mas allá del gesto de cubrir la deuda con el FMI, seguimos comprometiendo a las futuras generaciones tomando mas deuda.

Un norteamericano muy respetado como lingüista - y muy respetable - como Noam Chomsky, ha dicho que con la palabra democracia se define en su país a los gobiernos afines a sus intereses, y, ya mucho antes, nuestro Arturo Jauretche nos había advertido la diferencia - que para cualquier europeo o norteamericano sería obvia - entre la Nación, que es sustantivo, y "demócratica" o "totalitaria", que son calificativos. Si desaparece el sustantivo los adjetivos carecen de sentido.

Si Néstor Kichner, además de los gestos y discursos, hubiese asumido como presidente el deber de preservar el bienestar de las mayorías nacionales, además de arrancar el cuadro de Videla, tendría que haber roto con los "principios y orientaciones" del Proceso de Reorganización Nacional. Por ahora, la tarea parece reservada para un futuro gobierno popular.

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