Del Progresismo a la Genuflexión
Carlos Gabetta es el director de la edición argentina del mensuario Le Monde Diplomatique. A través de sus artículos editoriales en esa publicación hemos sido testigos del pensamiento de un lúcido representante del progresismo vernáculo, esa matriz de pensamiento que se expresa con categorías y conceptos políticamente correctos desde el punto de vista de la clase media bien pensante de la semi-colonia, y que se anima a todo en el papel menos a "lo mero principal": plantear la necesidad de una revolución que termine con el status colonial y nos permita asumirnos como artífices de nuestro propio destino.
Con alusiones permanentes a la "inclusión"; la "redistribución del ingreso"; la "izquierda"; el "centro-izquierda"; la "participación", la "democracia" y demás beldades socialdemócratas pretende esconder su postura gorila perceptible a veces entre líneas y a veces de manera categórica.
Hace tiempo, en un artículo listaba los grandes personajes de la historia latinonamericana que habían sobresalido por su compromiso y militancia a favor de la integración de nuestro continente (me resisto a llamarlo "sub-continente"). La nómina era amplia y abarcaba dos siglos de luchas políticas en favor de esa causa; pero había algo que no estaba del todo bien. Algo que no encajaba. Una segunda -y más atenta- lectura reveló el misterio; en la lista no figuraba ... ¡¡¡Juan Domingo Perón!!!
Recientemente, en el número de agosto de 2007 de su publicación, Gabetta la ha emprendido a toda máquina y sin medias tintas contra la figura del más grande patriota argentino del siglo XX. El pretexto es diferenciar aquel peronismo ya muerto -el de Perón, portador de todas las lacras, según su opinión- con el nuevo non plus ultra de la política argentina que corta de manera tajante con aquel pasado vergonzoso: el pensamiento lúcido y novedoso de ... Cristina Fernández de Kirchner.
Así, expresa "se empeña con éxito en apartarse de la hueca perorata populista y en ofrecer algo más que la estimulante novedad de aparecer como la primera mujer con serias posibilidades de instalarse democráticamente en la Casa Rosada" . Por lo visto, María Estela Martínez de Perón no llegó a la Casa Rosada, o no lo hizo por vías democráticas. Claro, cómo iba a ser democrática una elección que ganara el "populista" Perón.
Continua: "Tanto ... su discurso de La Plata .... como sus declaraciones ante empresarios ...durante su viaje a España ... constituyen una auspiciosa novedad" . Y para ser más preciso agrega: "El slogan ... ´el cambio recién empieza´ ... no oculta su pensamiento: a la izquierda le deja en claro que su modelo es un capitalismo con fuerte participación estatal; a la derecha ... que con ella no hay retorno al neoliberalismo" . Nos preguntamos cómo implementará ese capitalismo partiendo del modelo actual que, en lo fundamental, y después de cuatro años de gobierno de su marido, sigue siendo casi el de los noventa, con muy escasa participación del Estado en la producción y en la planificación y control de los agentes económicos de riqueza más concentrada. Seguramente con Cristina no habrá retorno al neoliberalismo; pero ¿ello sería realmente posible, así lo quisiera? ¿no estará planteando una posibilidad que no existe como tal (haciendo un mero planteo pour la gallerie )? Aunque se rumoree que uno de los candidatos a ser su Ministro de Economía es ... Mario Blejer, nefasto hombre del FMI y del mundo de las finanzas, mundo que conocen bien Cristina y su marido desde sus tiempos santacruceños de abogados de los usureros patagónicos.
Y siguen las "novedades": "Sus proposiciones centrales son dos: ´La reconstrucción del Estado constitucional democrático´ y un ´pacto institucional´ entre el capital y el trabajo." . O sea, nada, en buen romance. Salvo que un pacto social esté dirigido a congelar la distribución del ingreso retrógrada, los sueldos y jubilaciones miserables y las condiciones de trabajo decimonónicas que imperan en la Argentina a finales del gobierno kirchnerista. Baste señalar que en cuatro años de gestión de "centroizquierda" el trabajo en negro ha disminuido sólo del 48% al 42% para ver desde qué posición de fuerza relativa podrían negociar los trabajadores acuerdos a largo plazo con una patronal hiperconcentrada que hace tiempo se ha desligado de toda responsabilidad, como no sea aumentar a cualquier costo social sus ganancias y sus privilegios.
Pero Gabetta no se amilana. Recuerda que Cristina, en aquel discurso platense para funcionarios cautivos (condenados a audición forzada) "no mencionó ni una sola vez a Perón o a Evita" porque "parece tener en claro que el mejor Perón, el de su primera presidencia, flota en el limbo de una historia apenas escrita y la memoria vagarosa de unos pocos ancianos. Pero que el que ´vive´, en cambio es el que en 1973 ordenó o aprobó la masacre de Ezeiza; el que llegó acompañado de José López Rega y Licio Gelli y el que ´a dedo´, dejó instalada en la presidencia de la República a su estólida mujer ." . Por lo visto, para Gabetta el dedo de Kirchner vale más que el dedo de Perón. Y no puede reconocer que la decisión del viejo general tuvo mucho que ver con la acción criminal desatada por los gorilas con camiseta peronista -de varios sectores, entre ellos los amigos de Gabbeta-, que no le dejaban opción en la elección de un eventual sucesor para la presidencia. Aquellas circunstancias políticas excepcionales eran producto no sólo de la instalación de la irracionalidad terrorista -de varios bandos, insistimos- sino que reflejaban, principalmente, la resistencia feroz de los sectores reaccionarios y del imperialismo a un gobierno nacional y popular, a los cuales las bandas armadas le hicieron el juego hasta lograr el golpe de estado de marzo de 1976. Nada parecido sucede ahora, por lo que Cristina ( "el cuadro político más importante de los últimos cincuenta años" , según el inefable Aníbal Fernández) bien podría pasar la prueba de elecciones internas, exhibir algún programa transformador concreto que mereciera tal nombre, recorrer el país para constatar la maravillosa "inclusión social" que dejan los cuatro años de gestión de su cónyuge, y dejar de pasearse con embobamiento tilingo ante los mandamases de las metrópolis para solicitar aprobaciones o beneplácitos que siempre le han resultado muy costosos al pueblo argentino.
Pero es cerca del final del artículo donde el autor muestra su verdaderos quilates. Citamos: "Es muy sugestivo que (Cristina) Fernández reivindique, junto al ´modelo inclusivo´ del primer peronismo, el de ´acumulación de la Generación del ´80´, en un ejercicio de sensatez histórica ." . Para agregar: "en Argentina los dos modelos han terminado por fracasar por ausencia del otro ." . Aquí ya se combinan la ignorancia más conspicua con la genuflexión a toda prueba.
En su afán de adular, el aspirante a cristinista de la primera hora no trepida en calificar de sensato un despropósito, una burrada mayúscula. Pues el proyecto de Perón es la negación total del proyecto oligárquico de la Generación del ´80. ¡Con razón no nombran a Perón ni a Evita! No abundaremos en detalles; simplemente diremos que la justicia social, la independencia económica y la soberanía política son incompatibles con la exclusión económica, social y política que eran la característica central (y necesaria) de aquel régimen "falaz", o con la especialización agraria, el mercado único exterior, la libre importación, la dependencia financiera y el considerarse parte virtual del Imperio Británico. El peronismo fue la respuesta de las mayorías nacionales al proyecto colonial exclusivista y explotador de los ´80 que sobrevivía; fue su negación, su antítesis histórica. Un modelo presupone "la ausencia del otro" ; su conciliación es imposible. No puede haber tregua entre Nación y colonia. No entender esto es no entender el drama político de los últimos cien años de la Argentina. Pretender trazar un "justo medio", una suerte de híbrido entre los dos sistemas, es caer en el disparate de querer saldar la cuestión histórica por su flanco más retrógrado (por derecha dirán algunos), por la vía intransitable de un liberalismo que lleva la hechura de las metrópolis y que nos propone la sujeción como apéndice colonial a los dictados de los explotadores del mundo, con su secuela de miseria y atraso secular. Así no comenzará ningún cambio, como no sea un nuevo retorno al pasado.
A costa de perder toda credibilidad como intelectual, Gabetta incurre en uno de los peores errores (que los hubo y muchos) de sus execrados peronistas: la adulación sin límite. En este caso, para colmo, practicada hacia un personaje menor, cuyo pensamiento (para llamarlo de algún modo) refleja una profunda ignorancia que se constituirá en lastre para cualquier acción de gobierno, que no se beneficiará con la irresponsabilidad de los serviles. En Cuba, el comandante Fidel Castro llama "lamebotas" a estos personajes. En mi barrio les decimos algo parecido.
Por Luis J. del Rosario
Agosto 2007
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