El Pago al Club de París
Por Eduardo Galli
El gobierno de Cristina Fernández ha decidido pagar al Club de París la totalidad de la «deuda», que se dice de 6700 millones de dólares y que este conglomerado de naciones ricas reclamaba a la Argentina. Se ha negociado una vez mas con los ladrones que reivindican para la Unión Europea el territorio de Malvinas, y al mejor estilo K, se ha manejado el tema de modo de presentarlo nada menos que en el día de la industria como un acto de independencia y una decisión soberana, en la misma línea con la que Néstor Kichner pagó diez mil millones de dólares al FMI e hizo creer a muchos argentinos desprevenidos que el problema de la deuda estaba prácticamente solucionado.
Para no hacer un análisis superficial, debemos preguntarnos si era necesario este pago, o si la Nación obtendrá alguna ventaja al hacerlo, y al hacerlo de este modo.
Causa Nacional sostiene que es tan cierto que las deudas legítimas deben ser pagadas como que carece de ética o de juridicidad pagar una deuda ilegítima, afectada por un proceso judicial y una investigación parlamentaria inconclusos que debería avergonzar a los actuales legisladores y, en consecuencia, se deben interrumpir los pagos hasta que se separe la parte ilegítima, la que como está prácticamente demostrado, constituye la mayor parte de la deuda externa.
La teoría del «desendeudamiento», pergeñada en el seno del kichnerismo, se demuestra falsa cuando se miran las cuentas: después de haber pagado año tras año decenas de miles de millones de dólares de capital e intereses, el monto total continúa creciendo. Y esto será siempre así porque la deuda externa no ha sido impuesta para que en algún momento podamos saldarla, sino que es un mecanismo de control que permite ajustar el nudo de la soga con la que se ahorca a la Nación y a su pueblo para extraer sus recursos que interesan mucho más que los dólares que podamos saldar año tras año.
Pero si aún así, se argumenta que por razones fácticas no podemos dejar de pagar, se lo suele hacer desde dos ópticas que suelen ser complementarias:
a) Somos débiles para negarnos a pagar.
b) Debemos pagar para acceder a las inversiones externas imprescindibles para nuestro crecimiento y para no quedar fuera del mundo
La primera razón nos remite a varias preguntas que obligatoriamente debieran ser contestadas: ¿Cuál es la naturaleza de los daños que podemos sufrir si no pagamos? Y si somos débiles, ¿qué se está haciendo para que la Nación se fortalezca?. Recordamos que en épocas de Alfonsín se decía, entre muchas otras cosas, que si no pagábamos se confiscarían los aviones argentinos apenas tocaran aeropuertos extranjeros. Ese problema ha sido solucionado: después de pagar año tras año miles de millones de dólares y sufrir múltiples humillaciones de los organismos internacionales, ya no tenemos aviones que nos puedan confiscar y seguramente aumentaremos el endeudamiento para adquirir otros nuevos. Este es simplemente un ejemplo que puede extenderse a cualquier otro rubro que se analice. Veamos si después de recibir los 6.700 millones de dólares ceden las pretensiones inglesas y de la U.E. sobre el Atlántico Sur y sobre la Antártida Argentina
El segundo argumento esconde que la inversión extranjera, es como promedio mundial, sólo el diez por ciento de la inversión total en cada nación. Esto, en claro castellano, significa que las inversiones extranjeras que podrían ser útiles en algunos casos administradas por un gobierno nacional y popular, no son de ninguna manera indispensables y menos aún para un país como la Argentina dada la relación entre su territorio, sus recursos y su población, sin considerar los horizontes que se abrirían con la Unión Latinoamericana. Sin embargo debemos lamentar la acción de otro gobierno argntino mas que clama por capitales extranjeros en vez de cuidar que no nos roben los propios que es su primera obligación.
Y si la deuda, a pesar de los pagos, sigue creciendo, es obvio que no conviene aumentarla: los argentinos tenemos entonces derecho a que se nos explique porque razón, si contamos con reservas de 50.000 millones de dólares, se siguen tomando créditos del extranjero.
Sin embargo, como quedó claramente demostrado en las investigaciones de Alejandro Olmos sobre la época de la dictadura, cuanto mas inútiles y dañinas son para la Nación las finalidades para las que se toman los créditos externos, mayor es la comisión que los gestores de uno y otro lado reciben por ello.
El Tren Bala sería una de las obras para las que se requiere financiación externa. Causa Nacional nota mucho más alegría en la embajada de Francia que en los argentinos que deben viajar diariamente en el transporte público. Y algunos de los funcionarios que aplaudían entusiasmados y sonrientes a la presidenta cuando anunciaba el pago deberían explicar, exhibiendo un proyecto cuantificado, las ventajas de un tren que se mueve mas rápido que los dedos de los inversores franceses. También debería mostrarse, no con declaraciones generales sino con elementos concretos, cuáles son las cuentas que muestren que se deben 6700 millones de dólares, que podrían ser algo mas . y que la velocidad de las calculadoras de los acreedores del selecto Club ya transformó en un reclamo de 7900 millones.
Muchos de quienes aplaudían este pago eran los mismos que en el 2001 aplaudieron al fugaz presidente Rodríguez Saá cuando decidió suspender los pagos al exterior, y aplaudirían seguramente cualquier otra medida que les permita a ellos seguir siendo habitantes de la Casa Rosada o del Congreso.
Es evidente que la falta de un proyecto nacional viene debilitando a este gobierno, y se ha buscado fortaleza reforzando los lazos con los países centrales, nuevamente estaba interviniendo el Departamento de Estado a través de Tom Shanon en la gestión de este pago, cuando el Congreso de la Nación aún ignoraba que se efectivizaría. Conocemos estos métodos y los resultados en los que desembocan.
También debe subrayarse que para los acreedores , y los mercados el gobierno argentino carece de la suficiente docilidad, pues no ha negociado la forma y el monto del pago, por lo menos en forma pública, y no aceptó las sugerencias de los gobiernos de los países centrales y las «recomendaciones» del FMI, por lo cual no se muestran conformes con su forma de proceder. Por supuesto que, a pesar de todas estas «incorrecciones», aceptan el pago. Pero han hecho público en diferentes tonos su sorda protesta por esta falta de subordinación. Esta llamativa respuesta a la resonante decisión del gobierno argentino no hace mas que confirmar el carácter de cadena y soga de la deuda externa que mencionamos.
El «New York Times» pone en duda que a causa de este pago fluyan inversiones a la Argentina y titula al caso «el último tango en París». Esperamos que a la Argentina no le pase lo que a la protagonista de la película.
Ante las sucesivas defecciones del gobierno, que además parece abrazarse a quienes van a devorarlo, Causa Nacional llama a luchar hoy mas que nunca por construir un movimiento que conduzca a la asunción de un gobierno que represente por fin los intereses del pueblo argentino uniéndonos decididamente a las patrias hermanas que han emprendido el camino de la liberación.
20 de Septiembre de 2008
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