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Las lecciones del 28 de junio
El sueño terminó

Las ilusiones de un progresismo sin proyecto de liberación han sido sepultadas por el neoliberalismo representado por los tradicionales partidos del régimen colonial.

Queda una sola opción para el Pueblo: la construcción de un

Frente Patriótico
para la
Emancipación Nacional

Un peronismo progresista, aunque conservador en los hechos, es la imagen que ha adoptado el matrimonio K, su práctica política concretada en estos cinco años, está poblada de menemistas, cavallistas y miembros de la UCD nada arrepentidos.  El peronismo disidente, amontonado precariamente para disputarle el poder, es una remake del menemismo más crudo, irresponsable y cipayo, presentado como alternativa (falsa) frente a la inoperancia (real) de un gobierno carente de energía y voluntad transformadora.
Ante la sucesión de trucos, mentiras e inventos y ante el adelantamiento del acto electoral se extendió el convencimiento, fogoneado por los medios, de que los meses por venir serían peores que el presente.
No obstante estos métodos, el gobierno K mantenía algunos valores de un modelo con rasgos nacionales y populares y luego de la devaluación de Duhalde pagada por los trabajadores, había conseguido integrar a la sociedad a muchos de quienes habían quedado excluidos después de las experiencias del menemato y del gobierno de la Alianza radical-socialdemócrata que concluyó con el derrumbe del 2001. Dejando de lado las razones por la que se efectivizaron, fueron restituidos al patrimonio público algunas empresas de servicios y recuperadas las AFJP. Y se dio un vuelco positivo a la política internacional que se arrastraba desde la década del noventa, abandonándose el sometimiento incondicional de Menem y De la Rúa.
Sin embargo nada de esto fue hecho con el convencimiento y la firmeza necesarios para que no resultaran efímeros. «Hubiera preferido el capital privado», espetaba la Sra Presidenta al nacionalizar Aerolíneas, arrojada en ruinas por los inversores extranjeros, y que (según el proyecto K original) debía ser recapitalizada por el Estado y luego reprivatizada, secuencia necesaria para convertirnos en un país confiable según dice Mauricio Macri. En suma, las medidas positivas que se tomaron carecían de la directriz, la continuidad y la coherencia que podía dar un proyecto nacional. Las fuerzas que pueden sumarse cuando existe un plan integral, terminan muchas veces anulándose unas con otras cuando se carece de éste y se está frente al enemigo.
El Partido Radical, ya enterrado y en estado de descomposición, de cuyo cuerpo la Dra. Carrió había tenido el oportunismo de escapar por su perfil izquierdo, y el justicialismo duhaldista y de los caudillos millonarios de provincias, rearmado con los rezagos del menemismo, junto con algunos dirigentes gremiales absolutamente funcionales al sistema de poder, no toleraban a partir de la rebelión del 2001 el rumbo hacia el cual parecían apuntar los acontecimientos.
En cuanto a Macri, no hace falta gran esfuerzo para caracterizarlo: hijo dilecto de un grupo económico que medraba con el Estado Argentino mientras éste era sistemáticamente desguazado, las consignas que le salen del alma cada vez que habla sin el control de Durán Barba, son las mismas del general Videla o las de Cavallo. Todos ellos forman parte del sistema regido por el imperio y disfrutan como parte de su elite. Pero durante los primeros años del gobierno K no tuvieron fuerza para expresarse.
Cristina Fernández ganó las elecciones presidenciales de 2007 con comodidad y transcurrió con bastante tranquilidad los primeros meses de su gobierno. Su esposo asumió la dirección del Partido Justicialista después de haber aplastado a quien había permitido su ascenso, y cierto aire de eternidad parecía sostener en la cumbre al matrimonio. Pero en el dinámico mundo actual los laureles duran en las sienes menos tiempo que en la Roma imperial.
La ausencia por un lado de un plan agrario, y por otro de una verdadera movilización y organización popular –que por su propia naturaleza el kirchnerismo no podía estimular– más la cerrada negativa a toda negociación, con el lenguaje provocativo sin sustancia política, y su ignorancia de que el frente agrario contenía sectores populares amplios, permitió que las patronales agrarias llenaran de gente el parque de Palermo. La derrota parlamentaria por la que se rechaza la resolución 125 completa la sucesión de golpes que debilitan seriamente al gobierno de Cristina Fernández y que permiten, ahora sí, la recomposición de la rosca oligárquica, que aguardaba agazapada en los directorios de las grandes empresas, y sin discurso creíble, desde el 2001.
La situación económica internacional que había posibilitado a través de las exportaciones agrarias y petroleras, sostener una mejora generalizada, al mismo tiempo que fabulosas ganancias del capital concentrado, no duraría tampoco eternamente.
Una economía crecientemente extranjerizada y primarizada, la ausencia de un plan productivo nacional que permitiera utilizar en la Argentina el ahorro de los argentinos y crear millones de puestos de trabajo legítimos, comienza a crujir al estallar la crisis internacional. El gobierno requiere entonces de recursos cada vez mayores que suplan los de las alicaídas exportaciones, y el intento de obtener estos recursos sigue produciendo enfrentamientos explícitos con algunos sectores de poder. La deuda externa también ha traspasado las tranqueras y las puertas de muchas industrias, y estos sectores no tienen duda sobre quienes tienen que pagarla.
La proximidad de las elecciones dinamiza la acción de los sectores que se oponen a las políticas dignas de aprobación del kirchnerismo, aunque omiten criticar (porque las aprueban) la política de entrega petrolera y minera, y la continuación de la fiesta financiera. Apoyándose en los errores reales del gobierno que aún los sectores populares que lo habían apoyado inicialmente venían advirtiendo, las fuerzas inspiradas por el capital concentrado se reorganizan.
Aliados del gobierno que (como el gobernador Gioja) resultaban espantajos para quien quisiera apoyar un proceso nacional y popular, contribuyeron también a alejar a estos sectores que podemos tragarnos muchos sapos, pero no alimentarnos con un menú compuesto exclusivamente por estos batracios.
Hablando de batracios, la idea K de la transversalidad, como la de las candidaturas testimoniales, se basaba en una aritmética electoral. Tal pragmatismo, carente –nuevamente lo afirmamos– de la idea de un proyecto nacional, sólo podía acercar a las filas oficialistas a pragmáticos de la calaña de Cleto Cobos. Si pudiéramos comparar a este personaje con un niño sin vergüenza, habría que decirle a Néstor Kirchner que ya se sabe que le pasa al que se acuesta con niños. El niño pícaro no solo no agregó, sino que robó votos de la urna K, mientras que se pasea con expresión boba por el país para entrar cuando se le da la gana a la casa Rosada donde lo llevó Néstor. Esto tiene que resultar en una lección para nuestras fuerzas de Proyecto Sur si aspiramos a llevar al gobierno un Proyecto Nacional
En la reorganización de las fuerzas depositarias del poder económico no puede dejar de subrayarse la acción de agitación y difusión masiva de los medios comerciales gestores de primer nivel de la derrota del kirchnerismo a manos de la rosca armada para la ocasión por el poder económico (el sector no asociado con los K). Pero de estas empresas no podíamos esperar otra cosa.
No creemos, como dicen algunos que han defendido a los K desde dentro de sus filas, que influyera en el resultado electoral un problema de comunicación. Creemos que tenían muy poco que comunicar, que sus desvelos diarios en la mesa chica con De Vido y Elsztain no se podían comunicar, y que temían desagradar al poder económico que finalmente dio cuenta de ellos en el acto electoral.
Lo que busca la oposición es claramente comprensible –volver a la Argentina ordenada del Proceso, o de Menem– y este viejo plato ha sido cubierto con la salsa de un discurso moralista, por la seguridad y por la calidad institucional. Es ya muy conocido, pero en ocasiones como esta siempre resulta, pues sectores amplios de la población deseaban castigar al gobierno.
El gobierno buscaba por su parte afianzar un capitalismo controlable por su grupo y para esto le resultaba más fácil la negociación con pocos interlocutores –empresas petroleras, mineras, exportadores, bancos – que con un gran espectro de chacareros y productores, rentistas o no.
Si bien los sectores agrarios se convirtieron en enemigos abiertos, no sucedía lo mismo con los industriales que habían resultado beneficiados también por la devaluación del 2002 que pagaron los trabajadores. Pero amontonados por el temor por la nacionalización venezolana a la planta de Techint que, según ellos, el gobierno no defendió adecuadamente, parecen haber tomado ya otro rumbo.
Es conveniente dejar registrado en nuestra memoria que una delegación de la UIA viajó a Estados Unidos poco antes de las elecciones. La Nación refiere que tales patriotas, que pidieron el apoyo de la presidenta para el capital argentino frente a Chávez, se quejaron ante el Departamento de Estado por la conducta de su propio gobierno y del venezolano. El periódico de los Mitre pretendió dar con esto otro palo al gobierno: nosotros creemos que es un argumento a su favor.
No dejamos de reconocer que el gobierno K buscó que no se desmoronara del todo el poder adquisitivo del salario, pero al seguir pagando la deuda de origen delictivo, sin proyecto productivo integral y sin una movilización y organización popular, se lo hizo a través de Guillermo Moreno que entabló un pintoresco combate contra un grupo de megaempresas formadoras de precios. No resultó difícil para los grupos Clarín y La Nación convertir a Moreno en el émulo de Don Corleone y a las megaempresas en sus víctimas. El personaje tampoco se sustraía a esta imagen y así quedó registrado junto con las cifras truchas del INDEC en el imaginario colectivo.
El proceso que recorrió el gobierno K se asimila en algún aspecto a otros que ya hemos visto en nuestra Patria y que podría simplificarse así: al asumir una nueva fuerza cumple alguna de las promesas que le permitieron llegar a él satisfaciendo algunas reivindicaciones populares. Luego la presión del poder económico nacional e internacional, lo van induciendo a sucesivos ajustes y a permitir mas succión de renta por los grandes grupos. Si este gobierno modelo siglo XX, cede a las presiones, como ha ocurrido con muchos de los gobiernos elegidos, queda imposibilitado de mejorar la distribución del ingreso y avanzar en una política nacional, lo que le irá enajenando el apoyo popular con el que contaba inicialmente. En esta situación el gobierno debe recostarse cada vez más sobre el poder económico y esto lo sigue alejando de los sectores populares. En la etapa final los grupos concentrados le terminan negando su apoyo por no considerarlo uno de ellos y porque saben que ya nada tienen que temer dado que el grupo gobernante ha perdido también su base popular. Es el fin.
En resumen:

  • Las fuerzas políticas que ganaron esta elección para la renovación parlamentaria son de cuidado, no por su base popular, por su calidad militante ni por la talla de sus dirigentes, sino porque son la expresión de fuerzas económicas reales que detentan el poder en la Argentina.
  • El grupo heterogéneo que se nucleó alrededor de los Kichner, está todavía en el gobierno y creemos que para llegar con cierta normalidad al 2011 pueden intentar las siguientes alternativas:

a) Negociar con el poder económico nacional e internacional y ceder terreno entregando más soberanía y poder adquisitivo de los salarios (entre otras medidas estos grupos empujan una devaluación, que les permitan hacer pagar la crisis a los trabajadores)
b) Producir una convocatoria amplia a los sectores nacionales y populares junto con un debate real sobre las medidas a adoptar para no ceder terreno frente al poder económico.
c) Lo más probable: que el gobierno mezcle las dos alternativas según las circunstancias, y siga sin plan alguno confiando en la muñeca política de Néstor Kichner.
 En cuanto a la posición a adoptar por Proyecto Sur, creemos que, como se ha hecho hasta ahora, deberemos seguir el camino para la soberanía que nos hemos trazado, apoyando al gobierno ante el ataque que los grupos de poder económico lleven a cabo, sea a través de cámaras o asociaciones empresarias, embajadas, o a través de las fuerzas políticas que resultaron las primeras minorías en Capital, Buenos Aires o en el resto del país, pero manteniendo nosotros absoluta independencia de manera de luchar por las reivindicaciones nacionales que han caracterizado a Proyecto Sur, oponiéndonos al kirchnerismo cuando sea necesario.
También es necesario que distingamos bien entre métodos (como los que con razón se les critica al gobierno) y contenidos políticos y económicos que llenan, ocultos por discursos vacíos, el ideario del justicialismo opositor, el Pro y la Coalición Cívica. Siempre serán los últimos más importantes que los primeros. Tener en cuenta esta premisa es una de las condiciones para no ser atrapados en las redes alienantes de los medios de difusión.

 

El resultado en la Capital

El resultado de las elecciones en la Capital mostró una tendencia muy distinta a la del resto del país: un segundo puesto para Pino Solanas lejos de la Coalición Cívica que resultó tercera, lo que significa un enorme crecimiento de nuestra fuerza. Y una disminución del 62 al 32 por ciento del Pro (50 % con respecto a la última elección). Como era de esperar los medios quitaron relevancia a este último aspecto del balance electoral.
¿Por qué nos votaron así los porteños? Se suman aquí distintas causas. Si bien influyó el deseo de castigar al matrimonio gobernante –reconozcamos que la Capital es uno de los distritos donde cuenta con menos aceptación– también es cierto que tenían varias opciones para hacerlo. ¿Por qué eligieron entonces a Pino en vez de a Prat Gay o a expresiones de la izquierda tradicional?
Los análisis practicados sobre el origen de los votos muestran el peso que la juventud tuvo en el caudal de Proyecto Sur. Creemos que confluyen aquí la imagen de Pino Solanas, separada por un abismo de la de los políticos charlatanes indignos de respeto, junto con razones políticas: buena parte de la población de la Capital percibe ya no sólo el peligro y la injusticia del neoliberalismo tras las sonrisas y los discursos vacíos, sino su inutilidad para resolver los problemas reales de la sociedad. Creemos que los resultados muestran una renovada conciencia nacional, la necesidad de reflexionar sobre los problemas colectivos y solucionarlos, y el entendimiento de que pocos problemas individuales se resuelven individualmente. Si esta nueva corriente asimiló la problemática argentina expuesta casi únicamente por Fernando Solanas, quizá no sea demasiado optimista pensar que se ha empezado a rechazar el posmodernismo hedonista que endiosa al consumo.
Se observa también que han votado menos a Proyecto Sur los sectores de más altos ingresos, y tenemos un mayor caudal en los sectores de mayor instrucción. Asimismo la franja de menores ingresos dirigió su voto en la Capital al candidato del gobierno, lo cual debe representar un motivo de reflexión y un desafío para nosotros.
Está en las manos de los militantes de Proyecto Sur la lucha por extender este enorme crecimiento relativo al resto de las provincias argentinas.

 

Conclusión y síntesis

Después de la derrota del 28 de junio el nuevo presidente a cargo del justicialismo, el una vez menemista y por ahora kirchnerista Daniel «Cámara» Scioli, otro personaje que apuesta todo a la imagen mediática, ha afirmado que es necesario «despolitizar la agenda». Curiosas palabras de un político en momentos en que si algo debe tomar la iniciativa es la política. Y es que en su visión, «política» es sólo la politiquería que ha practicado y visto practicar durante toda su vida. Ni siquiera se imagina que pueda existir otra forma de política. Y aquí está el meollo de la tragedia actual. Porque esa renuncia a hacer política, esa muerte de la política decretada por el neoliberalismo y aceptada por el kirchnerismo durante su gobierno, es la clave para entender no sólo el crecimiento opositor que determinó su derrota electoral, sino la gigantesca depreciación cualitativa de la política nacional de los últimos años. El capital concentrado no necesita ni quiere política pues puede administrar su poder desde los directorios y utilizando a sus socios en los tres poderes del gobierno.
Contrariando al encumbrado ex-deportista náutico, Causa Nacional afirma la necesidad imperiosa de desenterrar la política del sumidero al cual fue arrojada por la partidocracia y resucitar el vínculo vital entre los ciudadanos y sus organizaciones para recomponer ese clima de participación, patriotismo, ideas y sueños de justicia que será el único camino que podrá sacar a la Argentina y a los argentinos del marasmo letal en que se encuentran. Las tareas para el campo popular son inmensas y complejas. Las lecciones del kirchnerismo no deben caer en saco roto.
Es hora de gestar un Frente Patriótico para la Emancipación Nacional que recoja lo mejor de los antecedentes argentinos y latinoamericanos en pos de la soberanía y la autodeterminación y que aliente la libre creatividad de nuestro pueblo en la búsqueda de los caminos hacia su definitiva liberación de los imperios y de la explotación, haciendo realidad el sueño de los próceres que forjaron nuestra nacionalidad suramericana. Energía y dignidad patrióticas sobran en el Pueblo Argentino. Sólo sobre ellas podrá reconstruirse el Estado y recuperar la Nación.☼

 

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