ELECCIONES PORTEÑAS: NI CENTRO DERECHA NI SOCIALDEMOCRACIA:
NACIONALES
Desde hace décadas, el sistema pseudodemocrático obliga a la ciudadanía a optar entre
dos o tres candidatos profundamente publicitados por los medios de comunicación y apoyados por un muy generoso aparato financiero.
Lo novedoso de la presente campaña electoral es la ausencia de los dos grandes
movimientos del siglo xx: el radicalismo y el peronismo. El primero prácticamente ha
desaparecido, fagocitado por sus claudicaciones e incompetencias, y el peronismo se
encamina raúdamente a una crisis terminal, al abandonar los principios y fundamentos
ideológicos de su padre fundador. El candidato oficialista, más que peronista en un“progresista” asumido.
Otro de los aspectos de la campaña electoral, reiterándose anteriores características, fue
la pobreza, medianía y chatura ideológica y política de los tres principales candidatos.
Casi no había diferencias entre ellos. Ninguno hizo la menor referencia a la penetración
cultural del imperialismo, a través de los medios de comunicación, que desinforman y deforman la realidad nacional.
Tampoco incursionaron en temas claves como la deuda externa (que se sigue pagando
a pesar de que la Justicia dictaminó que la misma era fraudulenta e ilegítima), el saqueo
a YPF por parte de Repsol y el patrimonio minero (denunciado por Pino Solanas), la
inexistencia de una política nacional en Malvinas, la institucionalización de las ruinosas privatizaciones, etc.
Esta orfandad en la defensa del interés nacional revela la crisis de identidad de los
partidos políticos. No puede soslayarse que el movimiento obrero organizado estuvo y
está marginado tanto de la campaña como de las candidaturas.
El triunfo de Macri fue avasallador. Con los votos de los ricos, clase media y trabajadores.
De Recoleta a Villa Soldati, de Puerto Madero pasando por Flores y Caballito, sus
habitantes le concedieron su confianza al multimillonario del grupo económico que
progresó de manera obscena mientras el país y sus sectores populares se hundían en la
pobreza y la exclusión.
La trayectoria empresarial del grupo Macri, no es un dato menor, está plagada de
irregularidades (ver: “Los dueños de la Argentina” de Luis Majul, y la revista “Viva” de
Clarín del 20/05/07). El Estado a través de Cavallo le licuó la deuda externa (que la
pagarían todos los argentinos), a pesar de ser Macri uno de los hombres más ricos de la
Argentina... eso sí, fue hombre generoso: supo dar trabajo al peronista menemizado
Carlos Grosso y al “progresista” Bordón.
Mauricio Macri, liberal, simpatizante del partido de Alsogaray, socio político del ministro
de De La Rúa, López Murphy y del gobernador Sobisch, el represor de los docentes
neuquinos; su pensamiento no se diferencia de Martínez de Hoz, Cavallo y Menem. No
puede criticar mayormente al presidente K (y viceversa), pues le otorgó en el 2006 la
concesión subsidiada del Ferrocarril Belgrano Cargas.
Es evidente, entonces, que Mauricio Macri, es el representante, política e
ideológicamente, de los poderosos empresarios y ejecutivos de Puerto Madero y de La
Recoleta. ¿Pero también lo es de Villa Soldati, Nueva Pompeya, Mataderos, Lugano y
aún de Flores y Caballito?. No, creemos que no. ¿Entonces?. La razón, las causas de
esta desviación e inconsecuencia política se encontrarían en la crisis de representación
política de que hablamos más arriba, en la ausencia de una corriente nacional, en la
debilidad ideológica y en la confusión política, como consecuencia de las numerosas
traiciones de la partidocracia, de tales sectores populares.
Existe, en suma, la alarmante sensación de que son protagonistas de una profunda
derrota colectiva. Pero ¿Macri es el cambio?. Sólo expresarlo, es todo un sarcasmo. Es como considerar que Alsogaray o Menem hubiesen sido voceros de los intereses nacionales.
Jorge Telerman, todo un personaje de la farándula partidocrática, al igual que su rival
Filmus, dio sus primeros pasos en el Partido Comunista. Posteriormente cambió de ruta,
Cafiero y más tarde el ultramenemista Guido Di Tella, lo hicieron su vocero.
Menem lo designó embajador en Cuba y Duhalde su asesor. Se hizo un lugarcito con
Aníbal Ibarra (a quien abandonó en su desventura) y buscando la reelección armó su
rancho con Patricia Bullrich, el delarruista Olivera (ex presidente del holding de empresas
públicas, tendientes a su privatización durante el ciclo alfonsiniano), con los radicales
Nosiglia, Terragno, Carrió. También sumó a Juan José Sebrelli, un “progresista”
gorilizado y mantuvo como secretario de la producción a Enrique Rodríguez, un abogado
laboralista de la CGT ubaldinista, pero como ministro de trabajo de Menem trituró la
legislación obrera. Como se puede apreciar todo un hombre de principios. Tuvo la
desgracia de que el presidente k le bajara el pulgar. Perdió. Pero seguramente volverá a encontrar un lugar bajo el sol.
En cuanto a Daniel Filmus, que se autoproclama “progresista”, no es una buena carta de
presentación esa identificación para el reconocimiento público. La clase media porteña ya
tuvo su romance con el llamado “progresismo” (que no era tal) durante el apogeo y caída
de sus exponentes más reconocidos; “Chacho” Alvarez y Graciela Meijide. No fueron más
que una nube en una noche de verano. Los “progresistas” no eran otra cosa que liberales
vergonzantes. Su consigna “nuevas formas de hacer política” solo eran una frase
oportunista y electoral. Se aliaron con el más conservador de los radicales (De La Rúa) y
avalaron el programa de Domingo Cavallo. Su final fue tan melancólico como anunciado.
“El progresismo va a volver a expresarse en contra de las políticas de los ’90 y de
quienes llevaron al país al neoliberalismo” (Clarín, 04/06/07). Le resultará algo difícil al
profesor Filmus implementar tan necesario objetivo. Muchos de sus amigos y aún de quienes le dieron la posibilidad de ser candidato estuvieron en el besamano de Carlos Menem.
El profesor equivoca el diagnóstico. La resolución de la problemática porteña no pasa por
el falso debate entre “progresistas” o “antiprogresistas”, entre “derecha” o “izquierda”, sino
entre nacionales o antinacionales. Ninguno de los problemas que afectan a la ciudad de
Buenos Aires, de mucha menor envergadura de los que soportan el Gran Buenos Aires y
el interior del país, tendrá solución real con la presencia de la “patria contratista”, uno de
los responsables del vaciamiento del Estado, o de los democratistas del “progresismo”,
que lejos de encarnar “nuevas formas de hacer política”, sólo continúan con la vieja
política con una camisa de segunda mano. Y no está de más reiterarlo: ya fracasaron
estrepitosamente con Alfonsín y De La Rúa.
El gobierno y su candidato proclaman una y otra vez las bondades de la política
económica como expresión del “cambio”. ¿Ha cambiado la realidad económico-social?.
Veamos: los índices económicos positivos, ciertos pero exagerados, que propagandiza el
presidente K son coyunturales (altos precios de las exportaciones cerealeras y
petrolíferas). También el presidente Menem tuvo su cuarto de hora de euforia económica.
Pero detrás de los números está la realidad: continúan los factores básicos de la
dependencia: reprimarización de la economía (crece sobre la base del agro (con los
transgénicos) y del petróleo (aunque la frutilla de la torta se la lleven las empresas
extranjeras), la deuda externa sigue condicionando la política económica, se perpetúa y
aún aumenta tanto la concentración económica como la inequidad en la distribución de
los ingresos al amparo de la incontrolada inflación y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y de los haberes jubilatorios (temas reiteradamente denunciados por la Iglesia), el comercio exterior y el sistema financiero siguen controlados por el capital
extranjero tal como lo marcaron Martínez de Hoz y Cavallo, el boom de las importaciones
superfluas e innecesarias (que “Clarín” publicita) continúa horadando a la industria
argentina, se verifica el copamiento foráneo del patrimonio minero y la crisis energética
avanza mientras la española Repsol y el resto de las petroleras acumulan enormes
sobreganancias con nuestro petróleo, la venta de millones de hectáreas a sociedades extranjeras, etc.
¿Qué de nuevo, entonces, expresa la política económica del presidente K?.
Por otra parte, los dos candidatos del 24 de Junio, Filmus y Macri, se autoconsideran
portadores del “cambio” para erradicar la inseguridad, el caos urbano, la deficiente
estructura educativa, sanitaria y vial. Proponen parecidas soluciones, pero en las mismas
están ausentes toda referencia a sus causas, que no son otras que la condición
dependiente de la República. La ciudad de Buenos Aires, aunque privilegiada en relación
al resto de sus hermanas, no es una isla que escapa a lo que le sucede al conjunto de la
Argentina. La inseguridad, flagelo grande si lo hay, no se resuelve con “más policía” (ni
con permisividad cómplice), sino con un país que reencuentre su rumbo nacional. La
violencia individual y colectiva (que afecta a todas las clases sociales pues no hay ni
habrá soluciones individuales) forma parte de la frustración nacional y el marginamiento social de gran parte de los argentinos.
Un tema urticante que los candidatos pasaron de largo es el referido a la autonomía de la
ciudad de Buenos Aires. La silenciaron pero piensan que no estaría mal volver a 1880.
Por de pronto Macri considera que Buenos Aires debería hacerse cargo, entre otras
cosas, de la Aduana ¡Setenta años de guerras civiles le costó al país en el siglo XIX para
que Buenos Aires entienda (y acepte) que la Aduana es de todos los argentinos!. Este es
un tema que requiere estar muy atentos para evitarle a la República una derrota política.
Por de pronto rechazamos la propuesta del Sr. Telerman del plebiscito y de la anulación
de la ley Cafiero sobre las limitaciones a la autonomía de la ciudad de Buenos Aires.
En definitiva: consideramos que en la jornada electoral del 24 de Junio no podemos
menos que enfatizar que ninguno de los candidatos ofrece la garantía (especialmente
Macri) de concluir o atacar las causas profundas de la crisis de la República. De ahí que
si bien la ciudadanía votará de acuerdo a su conciencia, es convicción de Causa Nacional
de que la única manera de terminar con las opciones negativas a que los gobiernos
obligan a la ciudadanía a votar por “el menos malo”, se hace imprescindible el
reagrupamiento de los nacionales que permita concluir con la Argentina dependiente y
reencauzarla en la perspectiva de la soberanía política, la independencia económica, la
justicia social, integrada en el Proyecto bolivariano, sanmartiniano y artiguista de la Patria Grande.
Agrupación Causa Nacional
Buenos Aires, 9 de Junio de 2007
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