La Importancia de un Frente Nacional
Ocurre muchas veces que algo adquiere importancia cuando falta. Desaparecido hace mucho tiempo el radicalismo de Yrigoyen y en camino de desaparecer el peronismo de Perón, los únicos movimientos que durante el siglo XX defendieron la soberanía nacional, hoy la realidad clama por un sujeto político que represente al Pueblo y a la Patria.
Paradójicamente, el actual saqueo de los hidrocarburos está ocasionando el progresivo agrupamiento de fuerzas nacionales alrededor de esta causa, porque la recuperación del petróleo es una bandera indiscutiblemente nacional y popular.
Todavía pocos, con muchas dificultades, tratamos de superar las diferencias manteniendo la intransigencia sólo al sostener el principio de soberanía nacional, pisoteado ininterrumpidamente durante los últimos treinta años.
Exiliados de partidos políticos que han arrojado hace rato sus banderas; socialistas que han comprendido el significado de la patria argentina y el proyecto de Nación Latinoamericana; militares patriotas que ya no aceptan enemigos ajenos; nacionalistas que comprendieron que no hay Nación con sectores excluidos; náufragos de distintas traiciones, luchamos para crear una herramienta política para el futuro. Están convocados a esta lucha los jóvenes que no quieren exiliarse, todos los argentinos que intuyen que de continuar estos dirigentes turnándose en el gobierno sus hijos vivirán peor que ellos.
No trabajamos para los próximos meses, pues la lucha tiene su frente más difícil en el aspecto cultural, con los medios de difusión tratando de enajenar la conciencia colectiva.
No contamos con medios materiales pero adoptamos como bandera algo que la partidocracia ha abandonado hace mucho: la inspiración de los héroes de la independencia argentina y latinoamericana y la gran tradición antiimperialista de nuestro subcontinente. Tomamos como ejemplo la lucha solitaria de FORJA en épocas parecidas a las actuales. Deseamos sumarnos a los pueblos hermanos que, uno tras otro, están comenzando a caminar en el cauce común de la Unión Latinoamericana con el proyecto de una Segunda Independencia.
Las elecciones de octubre no contarán con fuerzas nacionales: vemos a radicales
K apoyar a Scioli y a peronistas L unirse con Morales, al plutócrata Macri cooptando una socialdemócrata, al mismo tiempo que negocia con el virtual representante de las empresas petroleras que extraen en Neuquén, quien a su vez se une con un escritor menemista. El radical fondomonetarista López Murphy, echado del gobierno de De la Rúa a los pocos días de haber asumido, se propone como presidente. Vemos a Carlos Menem y a su ejército de espectros clamando por la miseria del pueblo. Sería inútil tratar de entender este espectáculo digno del Dante. La homogeneidad en estos políticos millonarios es lógica cuando ya no hay proyectos que diferencien a unos de otros (hace treinta años que más allá del ruido generado por las campañas electorales padecemos prácticamente las mismas políticas económicas y sociales). La lucha electoral se explica porque se busca el poder sólo para compartir sus ventajas materiales. Esa es la coincidencia fundamental y -al mismo tiempo- el motivo de la puja. Luego vendrán las negociaciones de las que casi todos saldrán con la bolsa llena.
Mientras tanto, más allá de la inconsistente oposición política, son las tensiones que produce la realidad estructural de la Argentina semicolonial las que están rompiendo los hilos del paquete kirchnerista.
Como no podía ser de otra manera, este menjunje capitalista comenzó a rasgarse y empieza a quedar a la vista la irracionalidad, la ineficiencia (la verdadera ineficiencia) y los amenazadores rostros de la inflación y de la corrupción. Néstor Kirchner pudo aducir justificadamente un estado de colapso proveniente de las administraciones anteriores, pero han transcurrido cuatro años con una lluvia de dólares provenientes de la inédita situación económica, y el argumento ya no es válido.
El favorable escenario internacional, la administración de "planes sociales" y el rápido crecimiento de las exportaciones y de la economía a partir de la devaluación (cuyo costo pagaron los trabajadores), permitieron hasta ahora morigerar las aristas más duras del saqueo y disminuir la desocupación. Al mismo tiempo, el vicioso sistema capitalista dependiente y la "comunidad internacional de negocios" presionaban con éxito para evitar una política económica nacional, asegurándose así su apropiación continuada de rentas extraordinarias. Pero esta política económica no podría extenderse en el tiempo sin producir el desprestigio del gobierno o de su sucesora elegida a dedo.
Un presidente que tuvo que enfrentar los coletazos del estallido del 2001 y que también -justo es reconocerlo- dio algunos giros importantes en el timón de la aberrante política internacional que venía siguiendo la Argentina, no parece interesado en defender la soberanía nacional ni en remover las causas estructurales de la pobreza, cuestiones anudadas entre sí como viene sosteniendo Causa Nacional. No dudamos que tampoco la oposición desea dar solución al tema.
Como cualquier enfermedad, los males del país no serán curados si no se atacan sus causas, y en este sentido ya hace tiempo que quedó claro que el gobierno parece empecinado en mantener el status-quo.
En la Argentina hemos visto muchas cosas, pero hoy, sobre la base de los gestos y los amagues nacionales y latinoamericanistas del presidente, la oposición se permite atribuir la culpa de males verdaderos o supuestos a Chávez, a Irán o a cualquier otro enemigo de los amos imperiales.
Las próximas elecciones no llegan en buen momento para fuerzas nacionales, que recién ahora parecen estar reagrupándose detrás de banderas básicas, pero será necesario en un futuro próximo hacer los máximos esfuerzos para aglutinar a nuestros compatriotas en un Frente Nacional que ejerza la defensa de la Patria y el pueblo frente a la señora, cuyo plan no nos es dado conocer hasta el momento a los argentinos, aunque lo sospechamos; o para enfrentarnos a las antiguas fuerzas de la reacción, cuyos planes son bien conocidos, si Cristina Fernández fuese derrotada. Para cualquiera de esas alternativas, el futuro de nuestra Patria está demandando la construcción de ese Frente Nacional.
Causa Nacional
Agosto 2007
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