La justicia social: objetivo del 1º de mayo
Es tradicional en el Movimiento Obrero de todo el mundo que el 1º de Mayo sea una jornada no sólo de homenaje a los obreros asesinados en Chicago en 1886 por el capitalismo salvaje y sus gobernantes cómplices, sino también de reafirmación de los derechos de los trabajadores.
El programa de reivindicaciones que levantaron los asalariados (y que también hicieron suyo los obreros de la Argentina a partir de 1890) contemplaba la jornada de ocho horas, la limitación de la jornada a seis horas para los jóvenes de 14 a 18 años y la prohibición del trabajo nocturno para mujeres y niños. Otra de las justas exigencias era el descanso ininterrumpido de treinta y seis horas, la abolición del trabajo a destajo y el establecimiento de la jornada de seis horas para las labores insalubres.
Ante la intransigencia patronal, que se negaba a aceptar las demandas obreras con el argumento falaz de que si accedían a los mismos quebrarían irremediablemente, el Movimiento Obrero se vio obligado a luchar. Sus conquistas costaron innumerables sacrificios y ríos de sangre.
Fue frecuente en el mundo entero, y en la Argentina antes de la llegada del peronismo, que los primeros de mayo terminasen en hechos luctuosos por la acción provocadora de los gobiernos y la acción de la “policía brava”.
Con la llegada del peronismo y la presencia de una nueva clase obrera de origen provinciano, los ironizados como “cabecitas negras” por parte de la partidocracia racista aglutinada en la Unión Democrática (que los calificará de “aluvión zoológico” a través del diputado radical Ernesto Sanmartino), los primeros de mayo se transformarán en la Fiesta del Trabajo.
El 1º de mayo de 1947 el General Perón, ante la muchedumbre reunida en la Plaza de Mayo, recordará:
“Pasan por mi memoria tantos primeros de mayo desde 1910… siendo estudiante, he presenciado los primeros de mayo más trágicos de toda la historia del trabajo argentino… muchas veces me he preguntado cómo es posible que hubieran llegado a ésta época sin que nadie comprendiera que era menester, para seguir adelante, hacer un alto en el camino y darle al trabajador, lo que realmente le corresponde y cortar los privilegios a quienes nada merecen y todo lo disfrutan”.
Eso fue ayer. Era otro peronismo aquel que encarnaba el Gran Patriota. Dicha realidad, para el país y los trabajadores, concluyó en 1955, pues ya no estará en el gobierno el peronismo histórico. Ahora se ha invertido la ecuación. En las últimas décadas, con regímenes golpistas o “democráticos”, los privilegiados por la acción de los gobiernos han sido los que han estafado el Estado. Otros tiempos, otras políticas, fueron convirtiendo a los trabajadores en la variable de ajuste del sistema económico.
Así están las cosas. Más allá de que, como lo recordó el compañero Moyano el 30 de abril, algunos derechos fueron rescatados en los últimos años, el 40% de los asalariados todavía se desempeñan en “negro”, o sea, están condenados a carecer de trabajo estable, jubilación, obra social, afiliación sindical. En otras palabras, más de 4 millones de trabajadores han sido convertidos en marginales. Si durante el peronismo histórico los trabajadores recibían el 50% del ingreso nacional, a partir de 1976 (aunque esta historia perversa comenzó en 1955) y hasta el presente, el mismo disminuyó al 35%. Este hecho explica la degradación salarial y la profundización de la desigualdad social.
Esta inequidad antidemocrática, a la que hay que sumarle la flexibilización laboral (es decir la pérdida de sus derechos sectoriales), fue provocando una sociedad con índices de pobreza y enfermedades inadmisibles en una Argentina rica como pocas naciones en el mundo.
Claro, una Argentina saqueada por los sectores minoritarios de siempre (a través de la fraudulenta deuda externa que se sigue pagando sin haberla investigado, la fuga de capitales a los bancos extranjeros, la evasión impositiva, la usura financiera y el expoliador comercio exterior controlado por cinco trasnacionales), no podía ni puede generar otra cosa que cuadros de pobreza, miseria y desigualdad social.
Otra vez, como ayer, el Primero de Mayo ha vuelto a ser jornada de protesta y reclamos. Otra vez, como ayer, los trabajadores no pueden sino levantar las banderas de la jornada de ocho horas, la recuperación de sus derechos laborales, que las empresas blanqueen a sus trabajadores, que se recupere el poder adquisitivo de los salarios y que las mujeres trabajadoras dejen de ser víctimas permanentes de la desocupación, etc.
Por todas estas consideraciones, CAUSA NACIONAL adhiere al día de los trabajadores y a sus heroicas tradiciones, por una sociedad sin explotadores, para que se vuelva a una Justicia Social permanente.
AGRUPACIÓN CAUSA NACIONAL
Con los trabajadores en su día
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