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Latinoamérica Hoy

El poder económico y la claridad y coherencia en la percepción y defensa de sus intereses son una antigua característica de la burguesía paulista, que hace mucho distingue a este sector hegemónico brasileño de su contraparte argentina.

Estaba en su naturaleza la reserva de mercado implícita en su rechazo al ALCA, y en esto coincidieron con los intereses de los trabajadores brasileños y latinoamericanos.

El gobierno del PT, en la persona del presidente Lula da Silva, pudo en la cumbre de Mar del Plata armonizar los intereses de estos poderosos sectores económicos con los del pueblo brasileño que lo votó y con los intereses objetivos de los pueblos latinoamericanos expresados en esa oportunidad por los presidentes del Mercosur, y con mucha mayor claridad, por el presidente venezolano, con el ímpetu que le da la base social a la que representa, y que es lo que lo distingue de sus pares del Mercosur.

Se vio en esa reunión, en que por primera vez un presidente norteamericano era desairado casi unánimemente, el poder de pueblos y gobiernos latinoamericanos cuando consiguen unirse. Hugo Chávez pudo decir que en Mar del Plata se estaba abriendo la tumba del ALCA.

Sin embargo, estos poderosos sectores económicos brasileños han venido impulsando una política financiera muy cercana a los intereses del neoliberalismo globalizador, con el resultado de que coexisten en Brasil, junto con un avance industrial inédito en América Latina, millones de brasileños en la más extrema pobreza: es conocido que la falta de integración de la sociedad brasileña es uno de los principales frenos a su desarrollo.

Se tiene en este dato de la realidad otra comprobación de los resultados del "crecimiento económico" separado de los intereses y el bienestar del pueblo, que impulsan los organismos internacionales. Y no es por amor "a los trabajadores" que en la Argentina los sectores neoliberales suelen levantar como referencia al gobierno del Partido de los Trabajadores.

Así como la burguesía brasileña promueve la unión (comercial) de Latinoamérica, aparecen claramente, en estos últimos tiempos, los límites que ponen a esa unión. Se han opuesto encarnizadamente a la muy justa y patriótica decisión del gobierno boliviano de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos. Ahora reaccionan hablando por la boca del Senado brasileño que defiende la democracia ... en Venezuela: critican la no renovación de la licencia de un canal de televisión que participó en el fracasado golpe contra el gobierno constitucional.

Pero la defensa de la "libertad de expresión" en territorio venezolano que ejerce el Senado de Brasil, esconde la lógica aversión al modelo de soberanía popular y movilización masiva que conduce Chávez. Este modelo Bolivariano que impulsa la toma de conciencia de las masas históricamente explotadas, no puede agradar a ningún sector económico concentrado pues ven con terror como la "infección venezolana" -que agita la bandera del socialismo-, puede transponer la frontera de países que tienen tantos problemas e históricas postergaciones en común. La lógica de la caja registradora es la que determina el límite que estos sectores ponen a la unión de nuestra Nación Latinoamericana inconclusa. El Mercosur debe ser para ellos su mercado ampliado, y nada más.

Creemos que el presidente Chávez ha cometido dos errores al calificar de "loros" a los senadores brasileños. Esta calificación que cabría para tantos políticos latinoamericanos (incluidos los argentinos) atentos a las órdenes del Norte, no cabe aplicada a la burguesía brasileña. Al provocar a Venezuela ellos no repiten sino que expresan sus propios intereses.  Aunque, claro está, contribuyen con la gestualidad "democrática" del gobierno de Bush.

El segundo error es que con su respuesta, Chávez ha puesto al presidente Lula en la obligación de enfrentarlo, colocándose junto al Parlamento de su país. El mutuo emplazamiento entre Brasil y Venezuela dificulta la marcha atrás en el conflicto, apretando el nudo que, objetivamente, favorece al  imperialismo norteamericano.

La torpeza y lentitud del actual presidente estadounidense y el pantano de sangre y latrocinio que han provocado y en el que se encuentran sumergidos en el Asia, han demorado una respuesta a la Cumbre de Mar del Plata por parte de los sectores de poder norteamericanos. La dan ahora; con su larga experiencia en comprar voluntades "trabajando fuertemente junto a"... las clases dominantes de las semicolonias, han arrimado a Brasil la propuesta de un gran negocio: la producción de biocombustibles. Evitan así presionar más sobre sus propias tierras cultivables, se ayudan a solucionar la escasez creciente de hidrocarburos, proponen una alternativa de dependencia frente al proyecto liberador de integración energética latinoamericano, e introducen otra cuña en el Mercosur.

Es significativo que el matutino La Nación, al anunciar la pasada visita de Bush a Brasil, haya titulado en primera plana  que este llevaba un "plan contra Chávez". La Nación no suele equivocarse en estas cuestiones.

Creemos que Brasil tiene frente a sí dos alternativas. La primera: un modelo de desarrollo "exportador" que permita su acceso a los mercados mundiales teniendo como "hinterland" a sus vecinos sudamericanos, y profundizando la desigualdad y la desintegración social interna. Y la segunda, crecer junto con Latinoamérica, de la que sería un líder natural, con un modelo de justicia social que promueva la distribución de la renta.

Quienes luchamos por la Unidad Latinoamericana, conocemos tan bien como el Departamento de Estado que en Brasil se halla el centro de gravedad de Sud América. La  propuesta norteamericana, bien recibida por los sectores dominantes de Brasil, muestra que no se puede menospreciar el poder del imperio, que como sabemos, no es sólo militar.

El gran actor, el actor ausente en este escenario, es el pueblo brasileño que en su momento se ha limitado a votar al PT. Es este pueblo el que deberá decidir cuando avanzar en busca de su liberación y de la profundización política de sus lazos con Latinoamérica. Deberá superar a un gobierno que, aún siendo el mejor de los últimos años, no ha cumplido todavía su promesa inicial de permitir que todos los brasileños tengan tres comidas por día.

Por Eduardo Galli

Agosto 2007

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