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Malvinas: la asignatura pendiente de los argentinos

 

"Quienes no defienden el suelo que pisan no merecen tener Patria"

Jorge Abelardo Ramos

El vigésimo séptimo aniversario de la Gesta de Malvinas transcurrió casi silenciosamente. Con un melancólico feriado oficial, donde la Ministra de Defensa, Señora Garré, afirmó que "la guerra de Malvinas fue un crimen más de la dictadura, con secuelas muy dolorosas". La "oposición partidocrática", como ya es tradición, estuvo ausente, más preocupada por sus negocios electorales que por la presencia de un ejército invasor en nuestro Atlántico Sur. Los medios de comunicación, por su parte, continuando con su campaña de desmalvinización iniciado en 1982.

¿Y la Presidenta? En Londres.

Desde 1983 todos los mandatarios argentinos, comenzando por el "padre de la democracia", manifestaron que "las Malvinas son argentinas y se recuperarán mediante el diálogo". Pero lo real es que los funcionarios ingleses, sean conservadores o "progresistas", consideran que "no hay nada que discutir sobre la soberanía de las islas. que el deseo de los isleños debe ser respetado.". Estos conceptos los ha reiterado recientemente el Primer Ministro Brown a Cristina K.

¿Entonces? Muy simple: los reclamos argentinos seguirán estando en una vía muerta. Argentina no ha logrado nada desde 1983 mientras los ingleses, acompañados por Europa  y los EE.UU., avanzaron en el control de Malvinas y ahora se disponen a clavar sus garras sobre la Antártica. O sea: dado que Argentina, sus gobiernos, carecen de la voluntad política de defender y recuperar su espacio territorial usurpado, la Nación invasora, operando como enemiga del pueblo argentino, logra todos sus objetivos sobre una zona de considerable valor estratégico, hiriendo gravemente la soberanía argentina y sudamericana.

Importancia estratégica de Malvinas

En 1982, la Corona Británica movilizó una impresionante flota de más de 100 navíos y 30.000 hombres (10.000 de ellos eran soldados profesionales, expertos en rapiñas colonialistas) para reconquistar unas desoladas islas, pobladas por 1.800 kelpers británicos de segunda clase, despreciados desde siempre por los británicos. La pregunta es inevitable: ¿por qué movilizaron tan enorme flota de guerra?

La explicación apunta al extraordinario valor estratégico político, militar y económico del área en disputa, situado a más de 13.000 km de Londres. Desde el siglo XVIII dicha región, tanto por sus riquezas como también por ser zona de comunicación de los océanos, incentivó las ambiciones inglesas.

Dicha realidad no le era, ni le es ni le será, indiferente a los EE.UU. ni a la OTAN, tanto por razones económicas como militares. Nunca se menciona que en enero de 1980 el Concejo de Seguridad de los EE.UU. a través del "Plan para el Océano Libre" planteó la necesidad de instalar en Malvinas una fortaleza militar (ver revista "Nexo" nº 11 de marzo de 1987). En diciembre del mismo año, la OTAN también difundió un documento apuntando a similares objetivos. Existen numerosos testimonios (como los del parlamentario inglés Winston Churchill(h) de mayo de 1982) que señalarán la necesidad de "construir una base militar para garantizar la seguridad del tráfico marítimo de Occidente frente a la amenaza soviética"(ver: "El conflicto del Atlántico Sur" de Mariano Bartolomé).

Como se puede apreciar, las causas de la guerra de 1982 estaban definidas por los objetivos de las potencias de Occidente de usurpar la región austral ya que no estaban dispuestos (ayer, hoy y mañana) a permitir que Argentina tenga el control de dicha área estratégica. Las implicancias de tal ultraje son muy claras: Argentina carece de soberanía sobre su territorio.

En este marco resulta agraviante que un sector de la sociedad argentina considere que la Guerra del Atlántico Sur fue una guerra absurda, criminal, irresponsable. Con ese criterio pacifista, bovino, claudicante, todavía estaríamos bajo el yugo español. ¿Defender el territorio nacional era un absurdo?. Para Juan Manuel de Rosas no, pues le salió al cruce a los ingleses en la Vuelta de Obligado, a pesar de la superioridad militar de los piratas británicos.

Más allá de las razones personales y políticas de los comandantes que recuperaron Malvinas, responsables desde 1976 de una dictadura represiva y antinacional (avalada por importantes sectores civiles y por numerosos partidos políticos), lo cierto fue que el 2 de abril defendieron el interés nacional pues quebró el congelamiento humillante de 150 años de reclamos que el Reino Unido jamás respondió.

Proyecto Nacional para recuperar Malvinas

Argentina tiene una asignatura pendiente: resolver el agravio que significa la presencia de una fortaleza militar en su espacio territorial. Es decir que se tiene un conflicto ineludible. A menos que la República, sus autoridades y la ciudadanía acepten pasivamente la amputación de parte de su territorio. Esta realidad entraña serios riegos futuros. Como ya lo hemos señalado, perder Malvinas deja a la Argentina indefensa en el Atlántico Sur y sin proyección antártica.

O sea: si Argentina no controla su espacio marítimo austral, el surgimiento de un Estado "independiente" (anglosajón) y la pérdida de la Antártida será una ominosa realidad. De aquí que Malvinas constituye un tema estratégico para Argentina pues sino domina su propio espacio otro lo ocupará. ¿No se desintegró en el siglo XIX el territorio heredado de España constituido también por la Banda Oriental, el Alto Perú, Tarija, las Misiones Orientales, Paraguay?

Prendamos la luz roja. El próximo mes de mayo, el gobierno argentino deberá presentar a la Comisión del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, los títulos de su costa marítima con que cuenta la República para que su extensión se amplie de las actuales 200 a 350 millas. Es un tema fundamental para el interés nacional y se espera que la promesa de la cancillería argentina de que presentará la documentación requerida en tiempo y forma se cumpla inexcusablemente. También se debe estar atento al hecho de que Gran Bretaña pretende ser considerado "estado ribereño". Claro está. Si los ingleses tienen el descaro de presentar tal petición ello se debe a la morosidad de la política argentina: desde 1989 se retiraron de la Asamblea de las Naciones Unidas los reclamos argentinos, también se obvió denunciar la presencia ilegal de una base militar y los incumplimientos británicos a las resoluciones de la ONU.

Es evidente que si se quiere recuperar Malvinas debe terminarse con la política permisiva (cómplice) con los enemigos ingleses. Para ello se hace imprescindible impulsar un Proyecto Nacional, una política de Estado, que contemple la participación colectiva y sus instituciones representativas, programar una campaña de  esclarecimiento, tanto nacional como internacional. Muy especialmente en el ámbito del MERCOSUR y latinoamericano.

Dentro de este Proyecto Nacional es indispensable también denunciar los Acuerdos de Madrid de 1989/1990 pues son contrarios al interés nacional ya que han beneficiado exclusivamente a los ingleses. Igualmente deberían limitarse las relaciones diplomáticas, comerciales, financieras con los británicos e inhibir a sus empresarios a desarrollar actividades en territorio argentino. Constituye un despropósito que el gobierno argentino firme un contrato con una agencia inglesa en momentos en que el Primer Ministro Brown reafirma que las Malvinas son británicas y que no están dispuestos a "dialogar".

En síntesis, estas y otras medidas, ampliamente publicitadas, permitirán iniciar el camino de la recuperación de las islas que pertenecen al patrimonio argentino. Ese es el mejor homenaje que le podemos rendir a nuestros caídos en Malvinas y a todos los Veteranos de Guerra en el vigésimo séptimo aniversario de la Gesta del 2 de Abril de 1982.

 

Las Malvinas y la Antártida son argentinas

 

 

Agrupación Causa Nacional

2 de Abril de 2009

 

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