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No hay cambio sin proyecto de liberación nacional

"Somos una Argentina colonial. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el pueblo el dominio de nuestras riquezas no seremos una Nación soberana, ni un pueblo feliz. Por ello queremos ser una Argentina libre de todo imperialismo  extranjero cualquiera sea la ideología con que se pretenda encubrir nuestra explotación".

FORJA, 1935

El 2007, año electoral, se nos presenta como la puja de dos modelos supuestamente antagónicos, uno de centroderecha y el otro de centroizquierda, progresista, transversal. Así, los afiches con la cara de Cristina rezan que el cambio recién comienza ...

Pero creemos que el cambio, el salir de ese infierno que de tanto en tanto escuchamos de boca del presidente, necesariamente debe implicar un Proyecto de Liberación Nacional. Lamentablemente las últimas medidas nos dicen que por ese rumbo no vamos. Comenzamos el año con la sanción de una ley de provincialización de los recursos energéticos que, al permitir que cada provincia negocie con las multinacionales por separado, no hace más que debilitar la soberanía nacional en cuanto a recursos estratégicos que nos pertenecen a todos los argentinos. Así es como las provincias de Chubut y Santa Cruz, con respaldo del gobierno nacional, recientemente han renovado hasta el 2047 (sí, por 40 años, sin licitación y diez años antes de su vencimiento) la concesión de Cerro Dragón con sólo el 12% de regalías. El mayor yacimiento de petróleo de nuestro país, es y seguirá siendo explotado hasta su extinción por el consorcio Pan American Energy, que conforman la British Petroleum y la local Bridas de Bulgheroni.

La crisis energética por la que estamos atravesando no encuentra solución; se continúa con el mismo esquema de pensamiento colonial de la nefasta década del 90: hay que hacer concesiones de rentabilidad y dar suficientes garantías para que vengan las inversiones del exterior.

Esta crisis, previsible y evitable, es producto de que el modelo de los 90 no se ha tocado en lo sustantivo. Pero el gobierno, por boca del cavallista Alberto Fernández, niega el problema, lo atribuye a razones climáticas, al aumento del consumo por el crecimiento económico.

Pero nos preguntamos con Jauretche ¿los argentinos somos zonzos? Resulta que a contramano de la política petrolera de la región (Bolivia, Venezuela, Ecuador) se premia con nuevas concesiones o prórrogas a perpetuidad a las empresas beneficiadas durante el menemato, que no cumplieron con las inversiones y exploraciones que deberían haber hecho por contrato.

Franco -que es Macri-, merecedor de estar en prisión por fraudes reiterados, sigue haciendo sus negociados con el Estado: se le quitó el Correo Argentino por su desastrosa gestión pero, a pesar del antecedente, se lo premió con el 70 % del estratégico Ferrocarril Belgrano Cargas (también sin licitación).

Luego de haber anunciado el desendeudamiento y desembolsado 10 mil millones de dólares a comienzos de 2006, reconociendo así el gobierno una deuda catalogada por la Justicia como ilegítima y fraudulenta, con el argumento de que los argentinos ganábamos soberanía, las ataduras no han terminado y la deuda externa sigue siendo un mecanismo de dominación. Ella supera hoy los 162 mil millones de dólares, que representan un 64% de nuestro PBI, de manera que la tan anunciada quita no fue tan sustancial. Y se sigue tomando deuda de organismos internacionales, a pesar del elevado nivel de reservas de divisas y de superávit fiscal con que se cuenta. Como gran parte de la deuda se ajusta por la inflación, el gobierno manipula los índices del INDEC y con ello la realidad social. Se trata de que si hay miseria no se note.

En un país donde la naturaleza nos ha dado enormes potencialidades, no podemos permitir que cerca del 40% de la población se encuentre por debajo de la línea de pobreza, viviendo como parias en su propia tierra.

Otra medida que debemos repudiar es el impulso, en consonancia con el mandato imperial de EE.UU., a la peligrosa ley antiterrorista que abre las puertas a la criminalización de la protesta social, que tanto conocemos los latinoamericanos.

En consecuencia, en las próximas elecciones se debate sobre intención de votos e imagen, cargos y partidas, dejando fuera de la agenda de campaña los graves problemas nacionales. La historia ha demostrado que sigue vigente la consigna de FORJA, que la verdadera disyuntiva de los países latinoamericanos es entre Liberación o Dependencia y no las falsas y mediáticas antinomias de centro, derecha o izquierda.

La tarea hoy no pasa por resignarse al seguidismo al cual nos quieren acostumbrar, sino por rescatar la política como medio de debate, propuesta, participación y transformación. Se trata de formularnos ¿quiénes fuimos, quiénes somos y qué potencialidades tenemos los argentinos?, participar en la elaboración de un proyecto de país que nos nuclee a todos los sectores del campo nacional y popular en una perspectiva de integración latinoamericana.

El proyecto de liberación nacional debe rescatar la política como medio para lograr el desarrollo productivo e industrial, dando impulso a la ciencia y a la tecnología, generar trabajo digno con una justa distribución de la riqueza, modificando el actual regresivo régimen impositivo, terminar con las nefastas leyes de minería que posibilitan el saqueo, recuperar nuestros ferrocarriles, nuestra línea aérea y nuestra marina mercante, frenar la extranjerización de nuestras tierras y recursos naturales, reestatizando YPF y Gas del Estado, terminar con la ilegítima y fraudulenta deuda externa, entre otras medidas.

Sólo en este rumbo podemos hablar de cambio, si el mismo implica la Liberación Nacional y Social.

Por Mariana Vattuone

Agosto 2007

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