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Renta del Capital o Renta Imperialista

Sabemos que en los países dependientes y expuestos a la explotación imperialista todos sus súbditos están explotados por el capital externo imperialista. Cuando decimos capital imperialista pensamos en los monopolios multinacionales. Estos monopolios se insertan generalmente en los servicios y la explotación de los recursos naturales.

Ocurre entonces que, a través de tarifas altas, explotan a todos los súbditos del país dependiente.

Si comparamos la renta de capital y esa renta extra monopólica, vamos a ver claramente que el negocio de estas multinacionales está en abusar de los países dependientes para extraer así superganancias utilizando poco capital y tecnologías fácilmente reemplazables, que para el primer mundo puede ser ya tecnología basura y el tercer mundo paga a precio de oro.

Durante la época de Menem, cuando cayeron en manos multinacionales las empresas del Estado, las tarifas se pactaron a precios internacionales, o sea al mismo precio, a veces a precios mayores, que los que pagaba el súbdito del imperio, aunque nosotros no cobrábamos los mismos sueldos que ellos.

Las empresas impusieron de hecho un impuesto a todos los ciudadanos argentinos.  Este impuesto rondaba el 20 o 25 % de todos los ingresos de los argentinos. Si bien se habló de inversiones de capital, la realidad es que las empresas del Estado se compraron por monedas, y ahora tenemos al imperialismo en ellas, que nos explota, chupándonos la poca sangre que nos queda.

Con los recursos naturales (agua, gas, petróleo, electricidad) también se ha verificado una superexplotación, pagándose por ello una ridícula regalía. Como caso ejemplo tenemos el del oro, cobre y plata, cuya explotación rinde 5.000 millones de dólares anuales y deja una regalía a las provincias de 200 millones de dólares, amén del  daño ecológico.

Otro caso especial es el petróleo: se pagó por YPF 6.000 millones de dólares y hoy rinde 9.000 millones de dólares anuales.

Un caso especial es el de los teléfonos, que durante la gestión Menem actualizaban sus tarifas "internacionales" con la inflación norteamericana y el valor dólar.

Otro ejemplo es el transporte (ferrocarriles, auto transporte, subterráneo) todos ellos subsidiados por el Estado para que no se les ocurra aumentar las tarifas.

El sistema que tiene Kirchner de presionar sobre el capital trasnacional para que sus ganancias no sean tan onerosas para las arcas de la Nación y el bolsillo del ciudadano, no puede mantenerse por mucho tiempo porque está aparejando un jaque constante que hacen las multinacionales a través de la desinversión.

Lo que debería hacerse es pasar estas empresas a la órbita estatal y, con la suspensión de los subsidios, invertir realmente en mejorar el estado deplorable de los servicios y terminar con una renta parasitaria.

Es así como se ve claramente como el capital transnacional no reinvierte ganancias para mejorar el servicio, sino que su objetivo es la renta perpetua.

Sólo la nacionalización de la economía en todos los niveles puede liberarnos de la succión de nuestras riquezas y nuestra trabajo por parte del extranjero y terminar con los dos pilares del coloniaje: la deuda externa y las empresas privatizadas. La llave maestra que abre el camino de la libertad para la Argentina y los pueblos latinoamericanos es que los gobiernos llamen y recurran al pueblo para encontrar allí la inspiración necesaria para llevar a cabo de una vez por todas la Revolución Nacional.

Por Silvio Martín

Agosto 2007

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